MAESTRO, NOS OFENDES.

Por Harold Segura

Si hay algo que debe preocupar a quienes siguen a Jesús es la construcción de una sociedad más justa y la práctica del amor en todas las dimensiones de la vida. Así también lo enseñaron los profetas de la antigüedad (Miq.6:8). Justicia y amor.
Cuando se procura la justicia sin misericordia, se corre el riesgo de deshumanizar esa búsqueda —algunas revoluciones políticas así lo muestran—. Y, cuando se pretende vivir el principio del amor desconociendo la justicia, se puede incurrir en una caridad de escasa trascendencia social —los modelos asistencialistas de ayuda humanitaria, así lo demuestran—.
Pero, las preocupaciones de muchas expresiones religiosas han sido otras: las ofrendas y diezmos de los fieles (aunque Jesús aceptó que esto podía tener algún valor), el protagonismo público de sus jerarcas y el reconocimiento social de sus instituciones.
De estos extravíos de la fe es necesario hablar. Y hablarlo no es traicionar la fe. Se traiciona cuando se silencian sus desvaríos políticos y sus disparates económicos. Decirlo puede sonar ofensivo y, a veces lo es. “Maestro, diciendo esto nos ofendes también a nosotros” (Lc.11:45).

LUCAS‬ ‭11:42-45‬ ‭
“¡Ay de ustedes, fariseos, que ofrecen a Dios el diezmo de la menta, de la ruda y de toda clase de hortalizas, pero no se preocupan de mantener la justicia y el amor a Dios! Esto último es lo que deberían hacer, aunque sin descuidar lo otro. ¡Ay de ustedes, fariseos, que les gusta ocupar los lugares preferentes en las sinagogas y ser saludados en público! ¡Ay de ustedes, que son como sepulcros ocultos a la vista, sobre los que pisa la gente sin saberlo! Uno de los doctores de la ley le contestó: — Maestro, diciendo esto nos ofendes también a nosotros.”

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