Evangélicos y política en Colombia

Por Yohan Álvarez*

La relación entre religión y política no es un fenómeno reciente ni específico de una sociedad; por el contrario, es una relación antigua como la historia de la humanidad y presente en diversas sociedades. Esta relación es dinámica y se manifiesta de distintas formas. Así, por ejemplo, existen diversos patrones de relacionamiento entre el poder religioso y el poder político que pueden observarse en distintas épocas y sociedades: relaciones de dominio de un poder sobre el otro, interdependencia o rivalidad, distanciamiento religioso del poder político, lo religioso al servicio del poder político, relaciones de conflictividad, entre otras1.

En este artículo exploraremos particularmente la relación entre iglesia cristiana y Estado en Colombia, haciendo un especial énfasis en las iglesias evangélicas (que, para este artículo, incluye las evangélicas de corte reformado, pentecostal y neopentecostal).

1. Iglesia y Estado antes de la Constitución Política de 1991.

En Colombia, desde su constitución como república independiente, la religión ha jugado un papel preponderante. Durante el siglo XIX, el bipartidismo político (Liberal – Conservador) y la religión (Catolicismo Romano) lograron cohesionar e infundir un sentimiento nacional en un país geográfica, política y culturalmente fragmentado. Pese a los esfuerzos de políticos e intelectuales liberales por fundar una Nación sobre la base de los idearios modernos de ciudadanía individual, con la Constitución de 1886 prevaleció el ideario conservador de un Estado confesional donde la noción de ciudadanía se confunde con la “fe y moralidad cristiana”: la moral pública demandada por el Estado era la moralidad del catolicismo romano.

Esta concepción restringida y excluyente de la ciudadanía propia de la Constitución de 1886, entró en crisis durante el Siglo XX con la emergencia de actores colectivos con reivindicaciones de inclusión en el plano político, civil, social, económico y cultural, tales como: sindicalistas, campesinos, indígenas, afrocolombianos, estudiantes, feministas, minorías religiosas, minorías políticas, entre otros2.

La Constitución de 1991 recoge algunas de estas reivindicaciones y da expresión legal a una nueva ciudadanía con mayores derechos en el campo de las libertades individuales (incluyendo libertad de cultos), participación política y derechos sociales, económicos, culturales y ambientales. Así mismo, el Estado pierde su carácter confesional y adquiere una naturaleza secular o laica con una moral pública basada en el respeto y cumplimiento de los derechos humanos.

El establecimiento de un Estado Laico y la ampliación de las libertades (de cultos o religión, de asociación, de expresión, de conciencia, entre otros) significaron un importante logro para las minorías religiosas en el país, como los evangélicos. Por una parte, el Estado Laico garantizó un trato igualitario a las distintas religiones y tradiciones cristianas en el país sin favoritismo ni exclusión. Por otra parte, la ampliación de derechos permitió a las minorías religiosas profesar privada y públicamente su fe sin temor a la discriminación, la persecución o ser tratados como ciudadanos de segunda categoría por razón de su fe.

El Estado Laico reconoce y garantiza la pluralidad y convivencia religiosa bajo criterios de igualdad ante la ley y libertad, siempre y cuando esta libertad no signifique la violación o vulneración de la libertad de los otros (libertad ejercida en el marco de la ley y el respeto a los DDHH).

Este es justamente el peligro de los fundamentalismos y extremismos religiosos o políticos, o de cualquier índole: su existencia y libertad niega y reduce la existencia y libertad del otro.

2. Participación política de los evangélicos después de la Constitución Política de 1991.

La ampliación democrática y de derechos de la Constitución de 1991 no sólo permitió la libertad y crecimiento de las iglesias evangélicas, sino también su protagonismo político en el país. Entre las razones que explican este protagonismo están:

2.1. Las iglesias evangélicas como anclaje electoral.
El crecimiento significativo de esta minoría religiosa ha hecho de la misma un grupo electoral apetecido por los políticos. Estos, para obtener su voto, recurren a todo tipo de estrategias discursivas y recursos simbólicos: visitan las iglesias en época de campañas, hacen oraciones de fe, se toman fotos portando Biblias, se presentan como creyentes y defensores de la fe, etc.

Además, se comprometen con la promoción y defensa dentro de sus agendas ejecutivas y legislativas de aquellos temas moralmente sensibles para el evangelicalismo conservador y fundamentalista: la criminalización del aborto; la oposición a la unión o convivencia civil entre parejas del mismo sexo, el rechazo total a la adopción por parte de estas parejas; y el rechazo ideológico (y supuestamente teológico) al comunismo y el socialismo. Temas estos que, más allá de los moralismos dogmáticos, deberían ser abordados desde un discernimiento espiritual que reconozca las complejidades prácticas conforme el contexto y los dilemas éticos que entraña cada decisión.

2.2. Representación política de la iglesia evangélica.
El proceso de la Asamblea Constituyente de 1991 y la Constitución de 1991 que daría a vida, brindó las garantías institucionales y democráticas necesarias para un mayor pluralismo político en Colombia y la representación política de sectores de la sociedad otrora marginados. En el caso de las iglesias evangélicas en Colombia, estas no solo jugaron un papel activo en la Asamblea a través del Movimiento Unión Cristiana (MUC) y Partido Nacional Cristiano (PNC), sino que más tarde surgirían otras agrupaciones políticas de carácter confesional que representaban o representan la diversidad del mismo evangelicalismo en Colombia.

Estas agrupaciones políticas confesionales que surgieron después de la Constituyente del 91 hasta la actualidad, presentan las siguientes características3: 1. Dependen del liderazgo carismático religioso de una persona o familia; 2. Su base electoral es primordialmente la feligresía de las iglesias, dentro de las cuales también forman su liderazgo, militancia y clientela política; 3. Tienen la capacidad de convertir su capital religioso en capital político (votos); es decir, logran convertir eficientemente el discurso religioso en torno a la fe y la salvación en votos; 4. A excepción del Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA), logran sobrevivir en la escena política negociando su caudal electoral con otros partidos políticos.

Un caso especial es el reciente partido político Colombia Justa y Libres. Esta agrupación política surgió en la coyuntura de tres eventos que generaron una movilización masiva de las iglesias evangélicas, estos son: 1. La aprobación del matrimonio igualitario entre parejas del mismo sexo por parte de la Corte Constitucional en el 2016; 2. La publicación de una cartilla educativa que supuestamente pretendía promover la “ideología de género” por parte del Ministerio de Educación, en cabeza de la ministra Gina Parody; y 3. El Plebiscito de la Paz en el marco del Proceso de Paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC-EP, donde el voto evangélico incidió en la inesperada victoria del NO.

Colombia Justa y Libres surgió como una iniciativa de representación política de líderes denominacionales y de megaiglesias en Colombia, quienes, en palabras del senador John Milton Rodríguez, pastor de una megaiglesia en Cali y líder representativo de esta colectividad, se cansaron de ser “manoseados” por la clase dirigente del país y “de ser un eco intrascendente y decidimos ser una voz definitoria en las decisiones del país, porque es el colmo que nosotros, que ya casi somos 12 millones de colombianos, no tengamos una participación directa en las grandes decisiones de Colombia y por el contrario sí asumamos esas decisiones”4.

Esta agrupación política confesional, y su bancada en el Congreso, ha venido asumiendo la representación y vocería pública frente al Estado de un sector representativo del evangelicalismo en Colombia, incluyendo iglesias pentecostales y neopentecostales, con el beneplácito o silencio afirmativo de influyente líderes denominacionales y de megaiglesias, y hasta de las mismas directivas de la Confederación Evangélica de Colombia (CEDECOL).

Actualmente, pese al apoyo inicial que brindaron al gobierno del presidente Iván Duque, han considerado separarse de la coalición de gobierno y declararse en independencia pues, como argumenta el mismo John Milton Rodríguez en una entrevista en El Nuevo Siglo, han sido innecesariamente ignorados por Gobierno y no han recibido participación en su gabinete más allá de “solamente en una persona que es el director de Derechos Humanos del Ministerio del Interior y la Directora de Asuntos Religiosos. Son cargos de tercer nivel dentro del Ministerio del Interior”. 

3. Preguntas para reflexionar.

Para finalizar entonces y con el propósito de suscitar la reflexión frente a este panorama actual de la relación entre poder político y la iglesia evangélica en Colombia, es importante que como cristianos y cristianas nos planteemos algunas preguntas en torno a nuestro testimonio y presencia púbica en la sociedad:

• ¿Cómo podría afectar la unidad y el testimonio público de la iglesia evangélica la identificación de su liderazgo y feligresía con una agrupación política en particular?

• ¿Ser cristiano evangélico significa la afiliación a un partido político?

• ¿La influencia de la iglesia evangélica en la sociedad depende de su representación política por parte de un partido o movimiento político?

• ¿Es legítimo que un pastor o líderes religiosos de una comunidad de fe indiquen a su feligresía por qué persona o partido deben votar?

• ¿Será necesaria la representación y poder político de la iglesia para garantizar su influencia? ¿Qué nos enseña Jesús sobre este tema? ¿Qué implica eso que aprendemos de Jesús en nuestra comprensión de lo que significa ser iglesia?

• ¿La influencia moral de la iglesia evangélica en la sociedad se reduce prioritariamente a los temas de aborto, familia y sexualidad? ¿Cuál es la responsabilidad de la iglesia evangélica en torno a otros asuntos como la pobreza, la violencia, los conflictos, la corrupción, el racismo, la degradación ambiental, entre otros?

 

1 Politics and Religion: An Overview. Encyclopedia of Religion. Retrieved October 16, 2020 from Encyclopedia.com: https://www.encyclopedia.com/environment/encyclopedias-almanacs-transcripts-and-maps/politics-and-religion-overview
2 Uribe de Hincapié, M. T. (1998). Órdenes complejos y ciudadanías mestizas: una mirada al caso colombiano. Estudios Políticos, (12), 25-46. Recuperado a partir de https://revistas.udea.edu.co/index.php/estudiospoliticos/article/view/16252
3 Misión de Observación Electoral (2019). Impacto de los partidos políticos evangélicos en los comicios colombianos. En: Religión y Política: Cómo la religión está relacionada con la política en cada uno de los países de América Latina. Bogotá, Colombia.
4 Revista Semana. Los cristianos que se cansaron de entregar sus votos a los políticos. 20 de febrero de 2018. Disponible en https://www.semana.com/nacion/articulo/los-cristianos-nos-cansamos-de-ser-un-eco-john-milton-rodriguez/557683/

*Yohan Álvarez es politólogo de la Universidad de Antioquia, especialista en Gerencia de Proyectos. Socio fundador y actual Director de la Asociación Paz y Esperanza Colombia, organización cristiana de derechos humanos perteneciente a la fraternidad de organizaciones Paz y Esperanza en América Latina. Miembro de la comunidad de fe El Olivo.

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